Valle de Meracovia por Antonio Lorente
Valle de Meracovia por Antonio Lorente

La editorial. Quiénes somos

Meracovia nace en un sueño...

 

     Me había quedado dormida, me sentía ligera. Entre sueños, percibía una tenue brisa que acariciaba mi cara. Oía a lo lejos alborotos, carreras, risotadas, llantos y discusiones que me despertaron. Percibía el olor a flores silvestres y a tierra mojada, pero no podía ver más allá de un par de metros, una tupida niebla me rodeaba. A penas podía ver el suelo, sin embargo intuía que lo tenía bajo mis pies eran guijarros, pues cada vez que me movía rechinaban.

     Pasaban por mi lado innumerables figuras etéreas, hombres, mujeres y niños de diferentes edades, de diferentes épocas. Me sonreían y desaparecían de mi vista ligeros, como si supieran adonde dirigirse.

—Hola —Me recorrió un escalofrío por la espalda, me giré y la vi allí, delante mío. La figura de una mujer tan etérea como la gente que había visto antes.

—Hola ¿Quién eres? —Le pregunté.

—No lo sé —Me respondió, mientras comenzaba a caminar ingrávida a mi alrededor. —Creo que soy producto de tu imaginación.

—¿Quiénes son todas esas personas?

—Personajes imaginados, no escritos aún. Ven, acompáñame.

     Nos adentramos en la espesura de la bruma hacia algún lugar que ella debía conocer. De repente desapareció la niebla delante nuestro y la figura que me acompañaba se hizo casi invisible, pero podía seguir escuchando su voz.

—¿Ves este lugar? Se llama Limbus. Aquí se materializan los personajes de las historias que ya han sido escritas. Ahora son de color gris, pero cuando la gente los comience a leer  adquirirán muchísimo color y se marcharán hacía el Valle.

Noté cierto desdén cuando se dirigió de nuevo a mí.

—Mira aquellos engreídos, van hacia el Valle sin haber sido leídos aún. Claro, saben de antemano que los leerán miles y miles de personas.

     De repente me cogió de la manga y tiró de mí a toda velocidad, apenas tocaba el suelo. Llegamos a un lugar mágico.

—Este es el Valle—Sonrió.

     Miles y miles de personajes paseaban por aquel  paisaje paradisiaco, unos con más color que otros. Al norte del Valle sobresalía a más altura una terraza empedrada donde se veían más personajes, unos grises y otros más coloreados.

—¿Qué es ese lugar? —Le pregunté a mi guía.

—Es el Belvedere. Ahí pasean los personajes más antiguos.

—¿Puedo ir?—Le propuse.

—No, no puedes, no has sido escrita.—Se dio cuenta de mi decepción y me dijo:

—Vamos a rodear el Valle, desde el otro lado podrás observarlo más cerca.

     De nuevo me sentí arrastrada por ella y recorrimos el perímetro del Valle hasta el lado opuesto. Allí debajo comencé a reconocer a muchos personajes. Nunca los hubiera imaginado así. Unos grises, otros con los colores desvaídos y muy pocos con los colores vivos y refulgentes. De entre todos,  me llamó la atención uno, era completamente gris y solo tenía coloreada la cabeza cubierta con un bombín negro.

—¿Quién es aquel señor?—Le indiqué a mi Cicerona, apuntando con un dedo.

—¡Ah! El señor Bloom. Te preguntarás por qué está así. Mucha gente empieza a leer su historia, pero se cansan y lo dejan.

—¡Oh! Comprendo...

—No te preocupes, tengo entendido que cada 16 de junio resplandece más que los grandes clásicos y es el rey del Valle.

     Estaba cansada, me pesaban los párpados y apenas podía mantener los ojos abiertos. Me dirigí a mi guía de nuevo.
—Tengo que marcharme, aunque no sé cómo.

—Sí lo sabes—Me respondió.

Se quedó pensativa por un momento y me dijo:

—¿Puedes hacerme un par de favores?

—Sí,  claro—Le contesté.

—¿Podrías hacer que la gente leyera a los Grises del Limbus y del Belvedere?

—Haré todo lo que esté en mi mano. ¿Cuál es el otro favor?

Se retorcía las manos con cierta timidez.

—¿Podrías escribir sobre este lugar y sobre mí? No quiero desvanecerme y desaparecer. Quiero ser corpórea, que la gente me lea, quiero tener color.

Me enterneció su petición.

—Claro que sí, Meravella.

Sonrió.

—¿Ese es mi nombre? Me gusta.

—Si escribo sobre ti y sobre este lugar, también tendré que escribir sobre mí. ¿Podré entonces visitar el Belvedere?

—¡Claro! Por cierto, ¿cómo llamarás a este lugar?

—Lo llamaré Meracovia.

 

 

© Vicenta Sánchez Sánchez, 2016

 

 

Meracovia es un lugar donde las brumas de nuestras ensoñaciones tejen  miles de ideas, personajes e historias que esperan embarcar en hermosos libros para llegar a manos de los lectores que con el asombro de un niño los leerá, otorgándoles así el don de la inmortalidad.

 

La editorial desea que los clásicos contemporáneos vuelvan a estar de moda, pues son una fuente de valores y referentes culturales que nos aúnan. Hay muchos más elementos que nos acercan al pasado de los que nos alejan, solo hay que saber cómo pensaban y cómo sentían entonces para darnos cuenta de que no hemos cambiado tanto.

 

Además, tenemos la intención de dar un espacio a los jóvenes autores del panorama nacional e internacional y a toda clase de géneros, porque en la variedad está el gusto. Por eso en Meracovia daremos sitio a estos autores y a sus obras, fomentando la diversidad y el contraste para satisfacer a todos los paladares de jóvenes con corazón adulto y  de adultos con corazón joven.

 

 

Para el diseño de cubiertas e ilustraciones contaremos con la colaboración de los mejores ilustradores del momento a nivel nacional, así como la colaboración de jóvenes promesas .

 

  

 

 

 

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